La oscuridad del Portal, de la Gruta o Cueva de Belén, que se une a la oscuridad nocturna que envuelve por fuera al santo reducto en «la Noche santa» (die Heilige Nacht), queda iluminada por ese Niño divino que nace en su centro y descansa, ríe, llora o duerme en su cuna; pequeña criatura recién nacida que no es sino el Sol eterno encarnado en figura humana, en forma infantil, cual divino Avatara