El «existencialismo» heideggeriano casi parece conceder una suerte de estado de gracia a la dimensión nihilista activa. En el mundo todo colapsa, todo se disuelve, todo viaja hacia la desintegración de cada valor
El «existencialismo» heideggeriano casi parece conceder una suerte de estado de gracia a la dimensión nihilista activa. En el mundo todo colapsa, todo se disuelve, todo viaja hacia la desintegración de cada valor