
Reseña y análisis
El Criticón presenta, bajo forma de relato alegórico, el itinerario vital de dos figuras contrapuestas: Andrenio, símbolo de la naturaleza instintiva, y Critilo, encarnación de la experiencia y la razón. A través de su encuentro y peregrinación conjunta por el mundo, Gracián construye una imagen del hombre como ser escindido, arrojado a una realidad compleja, engañosa y en constante tensión. El viaje que emprenden no es solo geográfico, sino también moral y existencial: un proceso de aprendizaje en el que el individuo descubre progresivamente la falsedad de las apariencias y la dificultad de alcanzar una verdad firme y definitiva.
La obra despliega una visión profundamente desengañada de la condición humana y del mundo, concebido como un teatro de engaños donde predominan la ambición, la vanidad y la corrupción. En este contexto, el desengaño se erige como forma superior de conocimiento, no como negación de la realidad, sino como toma de conciencia de su carácter ilusorio y mediado. Gracián no propone una redención plena ni un orden reconciliado, sino una sabiduría práctica basada en la prudencia, la lucidez y la capacidad de orientarse entre apariencias, configurando así una de las expresiones más intensas del pensamiento barroco y de la crisis del sujeto moderno.