
Antonio Gramsci
Antonio Gramsci (1891–1937) nació el 22 de enero de 1891 en Ales (Cerdeña) y murió el 27 de abril de 1937 en Roma, tras años de grave deterioro físico en prisión. Fue fundador y dirigente del Partido Comunista de Italia y una de las figuras más relevantes del marxismo del siglo XX en su vertiente occidental. Su vida estuvo marcada por la militancia política, la oposición al fascismo y su encarcelamiento por el régimen de Mussolini en 1926, que lo mantuvo preso hasta poco antes de su muerte. Durante ese periodo redactó sus célebres Quaderni del carcere (Cuadernos de la cárcel) y las Lettere dal carcere (Cartas desde la cárcel), donde desarrolló la parte más original de su pensamiento. Entre sus ideas más influyentes destacan el concepto de hegemonía cultural —la dominación no solo económica sino también intelectual y moral de una clase sobre la sociedad— y el de los «intelectuales orgánicos», encargados de articular y difundir la visión del mundo de cada grupo social.
Desde el punto de vista doctrinal, Gramsci representa una reformulación del marxismo clásico, alejándose del determinismo económico para subrayar la importancia de la cultura, la ideología y la sociedad civil en la construcción del poder. Su distinción entre «guerra de maniobra» y «guerra de posición» introdujo una lectura estratégica más lenta y cultural del cambio político en Occidente. En clave crítico-tradicional y desde ciertas lecturas nacional-revolucionarias, su pensamiento ha sido interpretado de forma ambivalente: por un lado, como una herramienta decisiva para comprender cómo se construye la hegemonía en las sociedades modernas; por otro, como una matriz que, al ser absorbida por la izquierda institucional y el liberal-progresismo, habría contribuido a la transformación cultural del orden europeo en sentido disolvente y desarraigador. En este enfoque, su teoría de la hegemonía se lee menos como un programa emancipador universalista y más como una clave analítica sobre la lucha por el control de la cultura en sociedades en crisis de identidad, donde la disputa por la tradición, la nación y la forma espiritual del pueblo se vuelve central.