
Charles Péguy
Charles Péguy (Orleans, 7 de enero de 1873 – Villeroy, 5 de septiembre de 1914) fue un poeta, ensayista, dramaturgo, editor y pensador francés, una de las figuras más originales de la literatura y el pensamiento cristiano de comienzos del siglo XX. Nacido en una familia humilde y criado por su madre tras la temprana muerte de su padre, destacó desde muy joven por su brillantez intelectual, lo que le permitió acceder a la École normale supérieure. En sus primeros años militó en el socialismo y participó activamente en la defensa de Alfred Dreyfus durante el caso que dividió a Francia, pero con el paso del tiempo evolucionó hacia una profunda recuperación de la fe católica, junto con una marcada preocupación por la justicia social y a un intenso patriotismo. En 1900 fundó la revista Cahiers de la Quinzaine, desde la que impulsó un fecundo debate intelectual y publicó gran parte de su obra. Al estallar la Primera Guerra Mundial se incorporó al ejército como teniente de reserva y murió en combate durante la batalla del Ourcq, pocos días antes de la Primera Batalla del Marne.
El pensamiento de Péguy constituye una singular síntesis de cristianismo, patriotismo, justicia social y crítica de la modernidad. Denunció el predominio del dinero, el utilitarismo burgués, la burocratización de la política y la pérdida de la dimensión espiritual de la existencia, contraponiendo a ello la fidelidad, la esperanza, el sacrificio y la encarnación de la verdad en la vida concreta. Su obra se inspira profundamente en la figura de Juana de Arco, símbolo de la santidad, la patria y la misión espiritual de Francia. Entre sus escritos más importantes destacan Jeanne d’Arc (1897), Notre Patrie (1905), Notre Jeunesse (1910), Le Mystère de la charité de Jeanne d’Arc (El misterio de la caridad de Juana de Arco) (1910), Victor-Marie, Comte Hugo (1910), Le Porche du Mystère de la deuxième vertu (El pórtico del misterio de la segunda virtud) (1912), Le Mystère des Saints Innocents (1912), L’Argent (1913), La Tapisserie de Notre-Dame (1913) y Ève (1913). Su defensa de la esperanza cristiana, de la dignidad del trabajo y de una civilización arraigada en la tradición lo ha convertido en una referencia imprescindible para el pensamiento católico y para quienes han visto en él a uno de los grandes críticos espirituales de la modernidad.