
François Stuerhelt (–1652) · Dominio público · Wikimedia Commons ↗
Jean Bodin
Jean Bodin, conocido en español como Juan Bodino, nació en Angers, Francia, entre junio de 1529 y junio de 1530, y murió en Laon en 1596, probablemente a causa de la peste. Jurista, filósofo, economista y teórico político, recibió formación religiosa entre los carmelitas y estudió posteriormente en París y Toulouse, donde profundizó en el derecho romano y el humanismo renacentista. Tras ejercer como abogado y ocupar diversos cargos jurídicos, participó en los Estados Generales de Blois de 1576 y sirvió como consejero del duque Francisco de Anjou. Su trayectoria intelectual estuvo marcada por las guerras de religión francesas, la crisis de la autoridad monárquica y la búsqueda de un orden político capaz de preservar la paz civil. Publicó Methodus ad facilem historiarum cognitionem (1566), tratado sobre el método de estudio de la historia; Réponse aux paradoxes de Monsieur de Malestroit touchant l’enrichissement de toutes choses et le moyen d’y remédier (1568), reflexión sobre los precios y la circulación monetaria; Les Six Livres de la République (Los seis libros de la República) (1576), su obra política fundamental; Iuris universi distributio (1578), clasificación sistemática del derecho, y De la démonomanie des sorciers (1580), tratado sobre la brujería. También escribió Universae naturae theatrum (1596), dedicado a la filosofía de la naturaleza. Su Colloquium heptaplomeres, diálogo entre siete sabios de distintas confesiones religiosas, quedó inédito hasta 1858.
La contribución más influyente de Bodin fue su teoría de la soberanía, desarrollada en Los seis libros de la República, donde definió esta como un poder absoluto y perpetuo dentro de la comunidad política. La soberanía debía ser indivisible y constituir la autoridad suprema del Estado, capaz de garantizar la unidad jurídica y la paz en un contexto de enfrentamientos confesionales. Aunque su pensamiento contribuyó decisivamente a la formación del absolutismo monárquico, Bodin distinguió entre el Estado y el gobierno y sostuvo que el poder soberano no estaba exento de límites derivados de la ley divina, la ley natural y determinados principios fundamentales. Su concepción política se combinó con una visión orgánica de la sociedad, basada en la familia y en la autoridad paterna, así como con una reflexión sobre la influencia del clima, la geografía y las costumbres en los pueblos. En economía, anticipó aspectos de la teoría cuantitativa del dinero al relacionar el aumento de los precios con la llegada de metales preciosos procedentes de América, el crecimiento demográfico y la expansión comercial. En materia religiosa, defendió en ciertos contextos la tolerancia como vía para contener las guerras civiles, aunque esta posición coexistió con una firme creencia en la brujería: en De la démonomanie des sorciers justificó la persecución severa de quienes consideraba responsables de tales prácticas. Su pensamiento presenta, por tanto, una combinación característica del siglo XVI entre innovación jurídica, consolidación de la autoridad estatal, reflexión económica y concepciones religiosas tradicionales.