
Jean Thiriart
Jean Thiriart (1922–1992) nació el 22 de marzo de 1922 en Bruselas y murió el 23 de noviembre de 1992 en la misma ciudad. Su trayectoria biográfica es la de un pensador político atravesado por las tensiones del siglo XX europeo: en su juventud pasó por ambientes de izquierda, para posteriormente evolucionar hacia posiciones nacionalistas revolucionarias y, tras la Segunda Guerra Mundial, fue condenado por su implicación en la colaboración con las fuerzas aleemanas, lo que le apartó temporalmente de la vida política. Reemerge en los años sesenta como fundador del Mouvement d’Action Civique y, sobre todo, como creador de la organización transnacional Jeune Europe (1962–1969), con presencia en varios países europeos. Este movimiento fue su principal instrumento político e intelectual, orientado a la construcción de una Europa unificada como sujeto histórico autónomo frente a los bloques estadounidense y soviético. En este marco, desarrolló una concepción de Europa como «gran espacio» soberano, superando el estrecho marco de los Estados-nación y proponiendo una síntesis entre energía revolucionaria y unidad continental.
Su doctrina se articula en torno a lo que puede definirse como un nacionalismo revolucionario europeo de raíz geopolítica, a menudo descrito como «nacional-comunitarismo europeo» o «nacional-bolchevismo europeo». Thiriart defendía la necesidad de una Europa unida, fuerte y orgánica, capaz de actuar como potencia independiente en un mundo dominado por bloques imperiales. Su pensamiento rechaza tanto el liberalismo atlántico como el universalismo abstracto, proponiendo en su lugar una política de poder, soberanía integral y autarquía de los grandes espacios, con una visión profundamente realista y decisionista de la historia. Obras y textos como Un empire de 400 millions d’hommes: l’Europe (1964) condensan esta idea de una nación europea unificada. En su fase final, incluso exploró acercamientos tácticos con el mundo soviético, chino y árabe como parte de una estrategia antihegemónica. Desde una lectura de raíz nacional-revolucionaria y tradicionalista, su figura puede interpretarse como la de un pensador de la voluntad política y la unidad imperial europea, que intentó dotar a Europa de un horizonte de potencia histórica, identidad orgánica y soberanía civilizatoria frente a la disolución liberal y la fragmentación estatal moderna.