
Nicolás Gómez Dávila
Nicolás Gómez Dávila (Bogotá, 18 de mayo de 1913 – Bogotá, 17 de mayo de 1994) fue un filósofo, escritor y aforista colombiano, considerado una de las figuras más singulares y profundas del pensamiento hispánico del siglo XX. Perteneciente a una familia de la alta sociedad colombiana, pasó parte de su juventud en París, donde recibió una formación privada marcada por el estudio intensivo de lenguas clásicas, literatura y filosofía. Nunca cursó estudios universitarios, pero desarrolló una erudición excepcional que le permitió construir una biblioteca de más de treinta mil volúmenes, verdadero centro de su vida intelectual. Alejado de la actividad política directa, aunque fundador de la Universidad de los Andes en 1948, rechazó diversos cargos públicos y prefirió dedicarse a la reflexión y a la escritura. Su reconocimiento internacional llegó tardíamente, gracias a la traducción de sus obras al alemán, francés e italiano, que revelaron la originalidad de un autor prácticamente desconocido fuera de círculos muy reducidos durante gran parte de su vida.
Su pensamiento constituye una de las críticas más radicales y sistemáticas de la modernidad elaboradas en lengua española. Católico tradicional, profundamente influido por Platón, San Agustín, Pascal, Burckhardt y, en el ámbito hispánico, por Juan Donoso Cortés, sostuvo que los errores políticos tienen su origen último en errores teológicos y desarrolló una auténtica teología política de signo antiliberal y antimoderno. Criticó la soberanía popular, el igualitarismo, la democracia de masas, el progresismo, el socialismo y las diversas formas de secularización, defendiendo en cambio una visión jerárquica de la sociedad fundada en principios espirituales permanentes. Su obra adopta la forma característica del escolio o glosa aforística, género mediante el cual condensó reflexiones sobre metafísica, religión, historia, arte, literatura y política. Entre sus libros más importantes destacan Notas (1954), Textos I (1959), Escolios a un texto implícito (1977), Nuevos escolios a un texto implícito (1986), Sucesivos escolios a un texto implícito (1992) y el ensayo El reaccionario auténtico (1995), donde formuló su célebre figura del «reaccionario» no como mero nostálgico del pasado, sino como defensor de verdades permanentes frente a las ilusiones ideológicas de la época moderna. Su obra es hoy considerada una de las cumbres del pensamiento tradicionalista contemporáneo y una referencia fundamental para numerosos estudiosos de la crítica de la modernidad.