China y el regreso de Confucio
Carlos X. Blanco
Editorial: Hipérbola Janus
Año: 2025 |
Páginas: 130
ISBN: 978-1-961928-30-5
Nos complace presentar a nuestro público lector la obra China y el regreso de Confucio, un compilación de artículos llevada a cabo por prestigioso profesor Carlos X Blanco, autor prolífico y colaborador de Hipérbola Janus, donde nos sentimos honrados y gratificados por sus aportaciones en la difusión de diferentes temas y áreas de conocimiento. En el caso que nos ocupa, el Extremo Oriente sigue siendo un gran desconocido para nosotros, los europeos, especialmente en cuestiones relacionadas con la mentalidad y las ideas que animan la cosmovisión de su nación más representativa, cuya pujanza económica, comercial y geopolítica ha encumbrado a la categoría de superpotencia mundial, hablamos, obviamente, de China. A través de un formato ligero y agradable, como es el diálogo, la obra nos presenta una serie de textos que nos permiten desentrañar las claves del pensamiento confuciano y su desarrollo a lo largo de los siglos XX y XXI. Un breve prólogo a cargo de David Ownby sirve de introducción a la obra. Uno de los ensayos principales es «Un siglo de confucianismo» de Chen Lai (1952), quien estructura el análisis en tres grandes secciones: los desafíos del confucianismo, sus respuestas y las formas en que ha sobrevivido en la era moderna.
En el análisis del Confucianismo, que permanece fuertemente imbricado en la conciencia del pueblo chino, se abordan cuatro grandes desafíos que enumeramos a continuación:
- Reformas políticas y educativas en la era Qing y Republicana (1901-1912): La abolición del sistema de exámenes imperiales debilitó la base institucional del confucianismo, afectando su papel en la sociedad y la educación.
- Movimiento de la Nueva Cultura (1915-1919): Se promovió la modernización basada en la cultura occidental, posicionando al confucianismo como un obstáculo para el progreso.
- Revolución de 1949 y la Revolución Cultural (1966-1976): La colectivización y las comunas populares destruyeron la base social confuciana, mientras que la Revolución Cultural lo atacó ideológicamente.
- Reformas de Deng Xiaoping (1978 en adelante): La modernización y la economía de mercado redujeron la influencia de los valores confucianos frente al pragmatismo y el utilitarismo.
Con anterioridad, el confucianismo siempre ha sido un factor de cohesión nacional, que ha contribuido a preservar la unidad del pueblo chino, especialmente contra las amenazas exteriores, como la que representó el enfrentamiento con Japón desde comienzos de los años 30 del pasado siglo, con la ocupación japonesa de Manchuria, y los sucesivos episodios bélicos vividos contra Japón entre 1937 y 1942.
Creencias religiosas en la China antigua
Eduard Erkes
Editorial: Hipérbola Janus
Año: 2022 |
Páginas: 144
ISBN: 979–8846739079
El texto de Chen Lai toma como punto de partida los últimos años de la Dinastía Qing y los primeros años de la era republicana, entre 1901 y 1912, poniendo especial énfasis en el proceso de modernización emprendido durante esta época, con la introducción de las ciencias y las disciplinas occidentales, hecho que contribuyó a la condena al ostracismo de los clásicos confucianos. Este proceso conoce diversas etapas, a través de las cuales se procede a la abolición del sistema de exámenes imperiales, que durante años se había erigido como el pilar institucional del confucianismo, lo cual trajo como consecuencia inevitable que los eruditos confucianos abandonaran su papel central en la sociedad china. La tendencia a denostar la tradición confuciana se vio incrementada con la transición de la Dinastía de los Qing a los primeros años de la República, como demuestra la eliminación de las ceremonias sacrificiales en honor a Confucio y la prohibición del estudio obligatorio de los clásicos confucianos. De esta manera el confucianismo perdió su papel preponderante en la educación y la administración pública, quedando relegado al ámbito de la ética y la cultura.
Este proceso de rechazo y erosión del confucianismo en su papel de contribución a la identidad nacional china, y a la formación de las nuevas generaciones, se vio acelerado durante las siguientes décadas. Fue un proceso impulsado por intelectuales como Chen Duxiu y Hu Shih, que promovieron activamente la modernización junto con la asunción de valores occidentales como la ciencia o la democracia. Asumiendo posturas análogas a las occidentales en relación a la Tradición, se vio en el confucianismo una forma de pensamiento retrógrado y caduco, frontalmente opuesto al progreso, y por tanto desechable, respecto al cual sus enseñanzas carecían de todo valor operativo en el desarrollo de China. En consecuencia, el confucianismo vivió un ostracismo cultural e intelectual que lo sumió en la más absoluta marginalidad.
Con el advenimiento de la Revolución Cultural China y la conformación del régimen comunista, a partir de 1949 y hasta la muerte de Mao Tse Tung (1893-1976), la situación del confucianismo no mejoró y, muy al contrario, se consideró incompatible con el socialismo marxista. Los ataques se incrementaron y el confucianismo fue objeto de campañas de odio brutales, como aquella desarrollada entre 1973 y 1976, con la «Crítica a Lin Biao y Confucio», en la que se le acusó de «ideología feudal y reaccionaria». La destrucción de templos confucianos y la persecución de sus intelectuales fue un hecho habitual durante este periodo.
La izquierda contra el Pueblo
Desmontando a la izquierda sistémica
Carlos X. Blanco
Editorial: Hipérbola Janus
Año: 2024 |
Páginas: 102
ISBN: 978-1-961928-08-4
En el periodo inmediatamente posterior, a partir de 1978, el factor ideológico se vio atenuado con la llegada de Deng Xiaoping (1904-1997) al poder, y se impuso una época marcada por el pragmatismo y la importancia creciente del desarrollo económico y material. Los ataques al confucianismo cesaron en gran medida, pero se vio sometido a la lógica uniformizadora del utilitarismo y el crecimiento económico.
No obstante, y a pesar de los ataques continuos de los que fue objeto, Chen Lai pone de relieve la resistencia del confucianismo, su voluntad irreductible frente a la amenaza de desaparición, a través de las propuestas de diferentes pensadores confucianos contemporáneos. Es el caso, por ejemplo, de Kang Youwei (1858-1927) con sus propuestas de convertir el confucianismo en religión oficial o integrarlo en el modelo educativo con sus enseñanzas morales sobre el conjunto del pueblo chino. Otros filósofos, como Liang Shuming (1893-1988), trató de superar las antítesis del mundo moderno, y convertir la doctrina de Confucio en parte funcional del socialismo a través de su base moral y social, dado que veía en estas ideas la clave para lograr la armonía y la estabilidad social, tal y como lo había sido en los momentos más delicados de la historia del país asiático.
Paralelamente, intelectuales confucianos como Xiong Shili (1885-1968), Feng Youlan (1895-1990) y He Lin (1902-1992) trataron de aportar nuevos desarrollos a la doctrina confuciana en el terreno de la filosofía y la metafísica. Fruto de estas especulaciones surgieron nuevas escuelas como la «Nueva Filosofía del Principio» de Feng Youlan y la «Nueva Filosofía de la Mente» de He Lin. Tampoco faltaron nuevos intentos de integración entre los valores tradicionales y el socialismo marxista a través de las interpretaciones de Xiong Shili. No será hasta una etapa posterior a la toma del poder de Den Xiaoping que veremos revalorizarse el confucianismo, sometiéndose a un revisionismo que finalmente lo devuelve a las universidades y la sociedad china, momento a partir del cual se recupera su legado como parte de la identidad nacional.
Este proceso de revitalización ha contribuido al estudio del confucianismo y a la aparición de nuevas interpretaciones en las últimas décadas. Las reinterpretaciones del pensamiento confuciano han llevado a la doctrina a un contraste con ideas político-ideológicas del mundo actual, relacionadas con la «democracia», los «derechos humanos» y la «globalización», es decir, con aquellos ítems ideológicos que padecemos en los tiempos postreros, y que están impulsando cambios dramáticos en nuestras sociedades en estos mismos momentos. No obstante, esta recuperación del confucianismo no se ha limitado a las esferas más cultas y académicas, sino que también se ha popularizado, y su presencia en la sociedad china viene siendo cada vez mayor desde la década de los 90, como vemos a través del conocimiento de los clásicos confucianos a través de actividades y cursos dirigidos a la población en general.
De modo que, para Chen Lai, el momento actual, tras la rehabilitación del pensamiento confuciano, es clave para continuar fortaleciendo su doctrina, especialmente por el ascenso de China como potencia mundial, que ha conllevado un creciente interés de China y su cultura más allá de sus fronteras. Pero también, y más allá de aspectos generales y más formales, por el propio contenido ético y moral que le es inherente, y que puede actuar como un freno frente a la corrupción y degradación de los tiempos modernos. De manera que podemos afirmar que es posible una verdadera sinergia entre los valores tradicionales y los nuevos desafíos que la modernidad propone a China, en un frente amplio, en el terreno cultural, político, social etc.
En el segundo capítulo del libro Chen Ming, una de las figuras más importantes del resurgimiento del confucianismo en la China contemporánea aborda la trascendencia de susodicha doctrina en el contexto del Estado y la nación china del siglo XXI. Su enfoque nos proporciona un recorrido a lo largo de aspectos políticos, sociales, educativos, de identidad cultural y la religión, marcando diferencias respecto a otras perspectivas neoconfucianas más orientadas hacia la filosofía o la ética.
Y es que el neoconfucianismo fuera de las fronteras chinas ha diversificado sus corrientes y los temas tratados, y se han centrado en la relación con la democracia, la ciencia y, en definitiva, con su compatibilidad con los valores del liberalismo occidental. Temas que no son nuevos en las derivas interpretativas y especulaciones confucianas del pasado siglo. Un representante destacado de estas últimas posturas es Tu Weiming (1940), filósofo de origen chino nacionalizado estadounidense.
Dentro de la China continental, el discurso confuciano se ha mostrado plenamente funcional a los intereses del Estado chino, contribuyendo a la cimentación de los valores estatales y nacionales, desmarcándose de toda búsqueda de compatibilidad con los valores occidentales, y en su detrimento tratando de fortalecer la identidad cultural china postulándose abiertamente como un pilar fundamental del nacionalismo cultural y político del país asiático. De modo que Chen Ming no ve en la doctrina confuciana un conjunto de ideas abstractas y anacrónicas, sino un potencial en ciernes para seguir pertrechando las bases del Estado y la sociedad china en el mundo actual.
También es importante el análisis que hace del confucianismo frente a la religión, diferenciando sus elementos de toda forma de religión monoteísta, tal y como la concebimos en el «Occidente». No obstante, hay un elemento religioso en su origen, y la idea de un Dios (Shangdi o Tian) como creador y vertebrador de un orden moral. Se puede decir que Confucio transformó este pensamiento en una práctica basada en la ética y la virtud, pero sin eliminar su dimensión espiritual. Algunos intérpretes modernos de la doctrina han tratado de desvirtuar su contenido reduciéndolo a lo que en chino se conoce como «wenjiao» (enseñanza cultural), buscando una fórmula de secularización para despojarla de ese contenido trascendente. Según Chen Ming estos intentos de secularización fueron perpetrados por el Movimiento 4 de mayo a partir de 1919.
No obstante, debemos insistir en que el confucianismo, aún poseyendo una dimensión espiritual, no debe confundirse con nuestro concepto de religión, y hay que poner el énfasis en la idea de estructura moral y social, como una especie de guía moral y espiritual que actúa como antídoto frente a la crisis de los valores tan característica de los tiempos modernos. El texto de Chen Ming también aborda otras problemáticas que no podemos desglosar en la presentación por su amplitud y complejidad, como, por ejemplo, las relaciones del confucianismo con el Estado, el ateísmo del Partido Comunista Chino, la búsqueda de formas de integración y síntesis, cohesión social, el problema de la educación etc. Hay una serie de retos que se presentan a las ideas de Confucio en las que esta búsqueda de encaje en la China contemporánea plantea una serie de desafíos que ponen en riesgo la esencia de su tradición.
El último capítulo del libro está reservado a una entrevista entre Chen Yizhong y Chen Ming en la que se abordan todos los temas que se han tratado en los capítulos anteriores, bajo el formato de un diálogo profundo. Asistimos al contraste de multitud de argumentos sobre el Confucianismo y su relación con la modernidad, con los retos del futuro, con las tensiones y recelos que suscitan los valores liberales y occidentales, totalmente secularizados y, esto lo decimos nosotros, abocados a la destrucción de cualquier fundamento tradicional, étnico o espiritual a todos los niveles.