Presentación de «Introducción a Costanzo Preve», de Salvatore Antonio Bravo

Costanzo Preve desarrolla una crítica heterodoxa del capitalismo absoluto, la globalización y la democracia liberal, reivindicando la comunidad, la verdad y la filosofía como formas de resistencia.

Hipérbola Janus 25 min de lectura
Presentación de «Introducción a Costanzo Preve», de Salvatore Antonio Bravo

© Hipérbola Janus · Archivo propio

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A nuestros lectores y fans más comprometidos no les puede pasar por alto el detalle de que a pesar de nuestra denodada defensa de la Tradición, en un sentido amplio y superando los matices, reduccionismos y dogmatismos anejos las diferentes vertientes de la misma, uno de nuestros caballos de batalla predilectos, y que también ocupa un lugar preponderante en los planteamientos doctrinarios de nuestras trincheras, es una indisimulada aversión hacia el liberalismo y su formulación en el plano más práctico y material a través del capitalismo. Hemos postulado sin ambages ni subterfugios, ni haciendo ningún tipo de malabares dialécticos, como se suele hacer en este mundo actual dominado por la falsedad y mediocridad de la corrección política, nuestro antiliberalismo militante. Los lectores podrán hacerse eco de tales ideas en nuestro monográfico de Mos Maiorum, , o bien otro tipo de obras dentro de nuestro catálogo general, como pudieran ser las que poseen la autoría de Aleksandr Duguin, Claudio Mutti, Boris Nad y una lista interminable de autores, que directa o indirectamente han contribuido a enriquecer y pertrechar un antiliberalismo que juzgamos muy necesario como arma de combate cultural frente a una modernidad que destruye pueblos e identidades bajo la hidra del liberalismo hegemónico en un proceso de disolución y «deconstrucción», palabra muy del gusto de los propagandistas liberales, que nos está llevando a una situación límite, a un punto de no retorno.

Una síntesis general

El profesor también ha contribuido significativamente en esta línea, y lo ha hecho de manera directa y sin concesiones a través de La izquierda contra el pueblo: Desmontando a la izquierda sistémica, o de manera más sutil, sobre un plano más literario y filosófico, a través de Abismos interiores, y en esta ocasión se nos presenta como el traductor de la obra que, ahora sí, nos disponemos a presentar tras este extenso preámbulo: , de , profesor italiano de filosofía al que en España se le conoce por sus colaboraciones ocasionales en la revista de orientación marxista El Viejo Topo, y que es conocido en su Italia natal por haberse dedicado al estudio profundo y concienzudo de la figura del ya desaparecido filósofo italiano (1943-2013).

Costanzo Preve se inscribe en una órbita del paisaje del pensamiento europeo contemporáneo que podríamos considerar como «excéntrica» en relación a las ortodoxias dominantes en la segunda mitad del siglo XX y comienzos del siglo XXI. No debemos entender que se trata solamente de un marxista heterodoxo, ni tampoco debemos catalogarlo como un filósofo de lo político en un sentido puramente convencional. Más bien, deberíamos hablar de Preve como un pensador que somete a una permanente revisión los fundamentos ontológicos de la modernidad, aquellos que han contribuido a la articulación de sus categorías de conflicto, de sujeto e historicidad. En el pensamiento previano el marxismo no aparece como un sistema cerrado de interpretación socioeconómica, sino que contempla un horizonte de tradición filosófica más amplio, que nos remite en última instancia al idealismo alemán y a la problemática clásica de la filosofía griega.

Formado en la Universidad de Turín en sus estudios en filosofía y vinculado en su juventud al Partido Comunista Italiano, es testigo de las transformaciones que atraviesa el comunismo europeo, al agotamiento de sus presupuestos históricos. La crisis de 1989, por ejemplo, trasciende la categoría de colapso geopolítico y sus consecuencias son la expresión de una fractura teórica, de la imposibilidad de pensar la historia bajo los términos de sujeto revolucionario unitario y bajo la perspectiva de la teleología progresista. A partir de este momento, Preve desplaza su reflexión al terreno de lo que él considera la necesidad de reconstruir las categorías del pensamiento crítico más allá de los esquemas heredados de la izquierda clásica.

Una de sus críticas más incisivas es la que hace referencia a la denominada disolución del «sujeto histórico». Frente a las lecturas clásicas del marxismo que identificaban al proletariado como un agente privilegiado de la transformación histórica, el autor italiano sostiene que el capitalismo contemporáneo ha reconfigurado profundamente la propia estructura de la subjetividad social, desdibujando antiguas polaridades entre burguesía y proletariado en un sistema más complejo, donde el poder adopta formas impersonales, difusas y culturalmente interiorizadas. Esta intuición permite a Preve formular una de sus tesis más controvertidas, que es la necesidad de abandonar tanto el economicismo marxista como las simplificaciones sociológicas de la lucha de clases como eje explicativo en exclusividad.

Esto no significa, no obstante, que su crítica no desemboque en un relativismo posmoderno ni en una renuncia a la idea de verdad. Muy al contrario, Preve mantiene una insistencia constante en la dimensión filosófica del pensamiento, entendida como una búsqueda de la verdad que no se puede reducir ni al consenso ni a fines utilitarios. En este sentido, su obra puede leerse como un intento de restaurar la dignidad ontológica de la filosofía frente a todas las formas de reduccionismo contemporáneas bajo el discurso académico o como instrumento ideológico. De ahí el denodado interés del pensador italiano por categorías como «comunidad», «universalidad» y «ontología del ser social», a través de los cuales intenta reconstruir un universo normativo que no es simplemente procedimental.

Su pensamiento se caracteriza por una lectura singular, podríamos decir, de la modernidad capitalista, que no se limita a una crítica económica, sino que se extiende a una interpretación histórica de un alcance mucho mayor. Preve nos describe un capitalismo que se construye a través de un proceso de expansión total que atraviesa sucesivas fases de transformación cultural, política y antropológica, hasta alcanzar una forma en la que ya no puede identificarse con una categoría social específica, sino con una estructura global de reproducción de sentido y de poder. Es una absolutización del capital que implica —nos dice Preve— la disolución de las viejas mediaciones políticas y que no requieren necesariamente de formas de coerción visibles, sino que éstas son parte de una interiorización cultural.

En la última fase de su vida, en sus últimos años, su pensamiento se fue orientando cada vez más hacia una postura que rompía más claramente con ciertos antagonismos entre derecha e izquierda, que en su esquema pierden por completo toda capacidad explicativa. Y no se trata de una mera provocación, ni de una equidistancia banal, sino que nace de una convicción profunda que nos dice, acertadamente además, que el espacio político moderno ha sido reconfigurado de tal manera que dichas oposiciones ya no expresan conflictos sustantivos, sino que son variaciones de un mismo horizonte histórico. De ahí que su figura se encuentre envuelta en una cierta ambivalencia en función de quién sea el receptor de su discurso, y si bien es visto por un lado como un renovador del marxismo crítico, por otro lado resulta un pensador inclasificable, incómodo para las categorías políticas imperantes en nuestros días.

En cualquier caso, Costanzo Preve aparece como una figura filosófica que reflexiona sobre el colapso de las grandes narrativas ideológicas de la modernidad sin abandonar una idea de inteligibilidad racional del mundo histórico. Su obra no aparece configurada bajo un discurso cerrado, sino que se muestra flexible a través de desplazamientos conceptuales que se orientan a la posibilidad de reabrir multitud de preguntas sobre el ser social, sobre la idea de comunidad o la verdad como objetos y nociones de una importancia capital dentro del ámbito público, cuya legitimidad se ha visto notablemente erosionada. Y es en el terreno de la tensión que viene representada por la crítica radical de la modernidad y la persistencia de una aspiración filosófica clásica, donde radica la peculiaridad y originalidad de su pensamiento.

Convergencias y divergencias

Podríamos decir que esta es una visión sintética y algo somera del pensamiento general de Costanzo Preve, cuyo desarrollo nos lleva a complejidades ulteriores, que el libro de Bravo nos muestra con meridiana claridad en el terreno expositivo. Desde una perspectiva tradicional es obvio que nosotros, Hipérbola Janus, no podemos sentirnos identificados con su planteamiento filosófico general, sino que podemos hablar de ciertas convergencias parciales, especialmente en lo que se refiere a los diagnósticos aportados por Costanzo Preve en las críticas que dirige al mundo moderno. Como ya hemos apuntado, nuestra batalla cultural encuentra una vía de convergencia a través de las corrientes antiliberales, y coincidimos plenamente con el filósofo italiano cuando afirma que la modernidad no es un simple sistema político entre otros, que podamos caracterizar bajo las mismas categorías que otros precedentes, sino que obedece a una configuración histórica totalizante, en el que la economía, la subjetividad, la cultura y formas de legitimación política forman parte de la misma urdimbre, del mismo tejido. De ahí la importancia de que su crítica no se limite a la aplicación sistemática del modelo marxista, a través del materialismo histórico, y que su crítica tenga un alcance mucho mayor,

Dentro de este marco general, un lector que se considere adherido a la Tradición puede encontrar puntos de apoyo en el pensamiento de Costanzo Preve para una crítica del liberalismo, no solo en el ámbito de la política, sino en toda la extensión de su antropología implícita. La centralidad del individuo abstracto, la reducción de lo real a una relación de contractualidad, o la progresiva disolución de mediaciones comunitarias que aparecen en su análisis del capitalismo tardío como fenómenos estructurales. Bien es cierto, no obstante, que Preve los interpreta desde una genealogía marxiana y post-hegeliana, mientras que en nuestro caso nos ubicaríamos sobre un horizonte de ruptura más amplio, de acuerdo con un orden simbólico premoderno y en el ámbito de una crítica que no se limitaría al plano social e histórico, haciendo prevalecer la crítica metafísica y sus prolongaciones prácticas en el terreno de la metapolítica.

En el terreno del antiamericanismo, en el cual hemos incidido en nuestra política editorial, tanto a través de artículos de blog, como a través de un número temático de Mos Maiorum, concretamente con , Preve no aborda la cuestión desde una perspectiva identitaria o cultural en un sentido superficial, ni como un fetiche ideológico, tal y como hoy vemos a través de las izquierdas globalistas, sino que el filósofo italiano parte de la idea de que Estados Unidos representa la forma históricamente más depurada del capitalismo como sistema mundial, es decir, una modernidad que ha operado una obra de destrucción de cualquier residuo orgánico y tradicional precedente, de todas aquellas tradiciones que tienen su origen en el ámbito precapitalista, al considerarlas un obstáculo en su expansión sin límite. Desde esta óptica, el americanismo aparece conceptualizado como un fenómeno transnacional, como la cristalización de una racionalidad histórico-mundial. Ciertamente, para nosotros, el americanismo es la expresión de algo que trasciende incluso la lógica interna del propio capitalismo, para postularse como .

Otro de los puntos a tener en cuenta son aquellos que conciernen al anticapitalismo, donde también encontramos una proximidad, por superficial que sea, y donde debemos precisar, aunque sea sintéticamente, los presupuestos del mismo en la obra de Preve. El filósofo italiano entiende el capitalismo como algo más que un mero sistema económico, como una forma de reproducción social total o totalizante, que asume una forma de «capitalismo absoluto» en el que las antiguas clases sociales se reconfiguran y aparecen desdibujados en sus atribuciones y características como sujetos históricos clásicos. Este planteamiento general y diagnóstico puede confluir con las críticas tradicionalistas que inciden en cuestiones ligadas a la expansión del capitalismo ligadas al desarraigo, la mercantilización de lo humano o la disolución de las formas comunitarias. No obstante, Preve no nos habla de un retorno a una forma legítima y premoderna de sociedad ni a ningún tipo de restauración en un sentido tradicional. Su pensamiento continúa plenamente inserto en la filosofía moderna, aunque desarrollando una autocrática radical.

De tal manera, desde el ámbito de la Tradición, considerado en un sentido amplio, las convergencias son superficiales o generales y desde un punto negativo, en el sentido de la coincidencia de una crítica hacia los efectos negativos de la modernidad liberal-capitalista, pero no en la fundamentación última de susodicha crítica. La ruptura con el Principio y con un orden jerárquico y orgánico superior de origen espiritual comprende una dimensión que está totalmente ausente, como es natural, del pensamiento de Preve. El italiano interpreta la modernidad desde las categorías del pensamiento marxista, aunque sea de manera heterodoxa, como un proceso histórico interno a la lógica del desarrollo del capital y de sus formas de racionalidad.

Hablamos de divergencias en el plano de los fundamentos y de las alternativas, aunque eso sí, coincidiendo en el diagnóstico que nos habla de un proceso de descomposición anejo al desarrollo de la modernidad, con una serie de procesos disolutivos asociados a la crisis de la idea de comunidad orgánica, o la expansión de las formas impersonales de poder, No obstante, como apuntamos, el horizonte que se plantea ante un hipotético horizonte post-capitalista y los planteamientos filosófico-políticos de la alternativa, en el caso de Preve, se agotan en la historia moderna, que es donde se enmarcan sus ideas y herramientas intelectuales.

No obstante, no pretendemos reducir nuestro espectro editorial única y exclusivamente al ámbito de la Tradición, ignorando otros discursos que no planteen unas coincidencias ideológicas precisas, sino que preferimos adentrarnos en un plano mucho más profundo, el de las categorías últimas con las que se interpreta la crisis de la modernidad. La constatación de un fenómeno objetivo, como es la crisis del mundo moderno en todas sus formas de expresión humana, motiva siempre nuestro interés y máxima atención. Preve nos describe la modernidad capitalista como un proceso histórico de autoexpansión bajo las premisas de una lógica social concreta: la del valor, la mercantilización generalizada de la existencia humana, y la imposición de mecanismos impersonales en todas las esferas de la vida bajo formas abstractas de mediación. Su crítica tiene un carácter ontológico en sentido amplio, aunque se centra no en un plano metafísico, sino en la idea de transformación del «ser social» bajo las condiciones de este capitalismo absoluto. De modo que en lugar de caída del Principio, nos remite a una «mutación histórica» del «modo de producción» y de las formas de subjetividad que este engendra.

Costanzo Preve y la recuperación de la «verdad» en una época nihilista

Salvatore Antonio Bravo nos muestra desde el principio del libro la intención de presentar a Costanzo Preve como una de las figuras filosóficas más notables dentro de nuestro tiempo histórico reciente, caracterizado por la desintegración y caída de categorías como el principio de verdad, comunidad y sentido mismo de la existencia. Para Bravo, Preve representa una actitud espiritual e intelectual que resiste ante las formas contemporáneas que imponen el conformismo generalizado.

Esta idea prevalece en el discurso del autor de la obra para entender el sentido global del pensamiento de Preve. De tal manera que no se trata solamente de un sistema filosófico, sino de una determinada forma de ser y estar en el mundo, de un contexto muy particular en el que Preve aparece como último representante de una tradición filosófica en la que pensar implica un compromiso total, hasta el punto que la filosofía deja de ser una especialización académica, a limitarse a una forma de conocimiento encerrada en las aulas y las facultades para recuperar su condición clásica de forma de vida.

El núcleo fundamental de esta recuperación concierne al principio de verdad, que se ha venido oscureciendo por su progresiva sustitución por la opinión, que se apoya en el concepto de la comunicación superficial, la propia de los grandes medios de comunicación, que a su vez han sustituido la reflexión por el consenso mediático. La época contemporánea ya no lucha por la verdad frontalmente, sino que ésta se ha convertido en algo irrelevante. La verdad deja paso a los procedimientos, las estadísticas y los mencionados consensos o la narrativa que al poder interesa difundir en cada momento. En consecuencia la filosofía, que para Preve se encuentra en una disposición natural de la búsqueda de la verdad, pierde su función originaria y cede frente a estas nuevas imposturas.

Para Preve la filosofía sólo puede existir si presupone la verdad, lo cual abre una distancia enorme frente al relativismo posmoderno dominante, que considera la verdad como una construcción contingente y, al mismo tiempo, lo aparta del positivismo científico, que reduce la verdad a lo que solo puede ser verificado experimentalmente. La postura de Preve trasciende estas dos vertientes y resulta más compleja. De tal manera que la verdad no es —sostenía Preve— una «verdad científica» ni tampoco una «verdad revelada». Para el filósofo italiano la verdad surge en el espacio del diálogo, de la confrontación racional y de la búsqueda comunitaria. No puede poseerse de manera definitiva pero tampoco puede abandonarse.

Desde su perspectiva, Preve trata de recuperar de manera simultánea a Sócrates, y Hegel frente a toda esta deriva relativista contemporánea. Y se sirve de estas fuentes clásicas de la filosofía para establecer la identidad del principio de Verdad, que no es un patrimonio particular ni una construcción arbitraria, más allá de estos equívocos nos muestra una vía que nos lleva al diálogo humano. Y precisamente por el hecho de afirmar una verdad de tal naturaleza resulta esta pluralidad de filosofías. No obstante, si no existiera la verdad, solo quedarían opiniones enfrentadas, sin posibilidad de comprensión mutua.

De estas ideas resulta, como apunta Bravo, la idea de Costanzo Preve como un pensador incómodo, de una figura que no tiene encaje, tanto por sus posicionamientos políticos como geopolíticos como, especialmente, por su negativa a aceptar los presupuestos ideológicos dominantes de nuestro tiempo. Por su reivindicación orgánica y total de la realidad frente a la fragmentación que domina por doquier, frente al relativismo y las narrativas que buscan cerrar toda forma de diálogo.

El resultado de estos elementos que nos permiten caracterizar la figura del filósofo y su forma de afrontar el presente, desde la crítica combativa, hace que deba aceptar la marginalidad para preservar su independencia. Sin embargo, no se trata de una marginalidad que apele al romanticismo o a una mera pose estética, en este caso Preve muestra una exigencia estructural. La idea que prevalece es que la búsqueda de la verdad implica situaciones adversas y de confrontación con el poder y las instituciones hegemónicas. La academia (los intelectuales, la universidad etc), los mass media, los partidos políticos y las formas culturales que tienden a premiar a quien se adapta y a castigar la heterodoxia y la discrepancia.

Para Bravo esta actitud filosófica, activa y crítica, que no claudica ante ninguna forma de ortodoxia, se encuentra amenaza de desaparición, lo que nos permite adivinar en Costanzo Preve una figura de resistencia, la fidelidad al logos frente a la tiranía de la opinión. Representa la convicción de que la filosofía sigue teniendo una misión histórica, a pesar de que la civilización periclitada que domina el Occidente moderno haya renunciado a toda búsqueda de sentido.

En Preve, como ya hemos apuntado con anterioridad, no hay una propuesta de retorno al pasado ni una idealización de épocas pretéritas. Su objetivo consiste en reactivar la capacidad crítica de la tradición filosófica para comprender las contradicciones del presente.

Capitalismo, globalismo y democracia liberal

La crítica de Costanzo Preve al capitalismo es el eje alrededor del cual gira toda su filosofía madura, y que no podemos reducir a una simple reedición del marxismo clásico, porque supondría desfigurar profundamente su pensamiento. Una de las ideas más destacadas por Bravo, y que desarrolla con mayor claridad, es que Preve considera agotadas todas las categorías del marxismo del siglo XX. No se trata de que creyera que Marx hubiera sido refutado, sino que era el propio capitalismo quien había variado su propia naturaleza. La sociedad descrita por Marx seguía siendo una sociedad burguesa, industrial y nacional, mientras que el capitalismo contemporáneo había roto prácticamente con todos los límites. Por lo tanto, la comprensión del presente exige un nuevo aparato conceptual.

Preve llama a esta nueva fase «capitalismo absoluto». El adjetivo no es casual, y posee un significado estrictamente filosófico, que no designa simplemente un capitalismo más intenso o poderoso que el anterior, sino que sirve para definir un sistema que ha conseguido emanciparse de todas las instancias históricas que durante siglos limitaron su expansión. En la Europa del siglo XIX el capital todavía debía convivir con el Estado nacional, con la Iglesia, con las identidades colectivas, la familia tradicional o las formas de cultura popular, o incluso una determinada ética burguesa con influencias directas del cristianismo. Todas estas instituciones conservaban una autonomía relativa respecto al mercado y podían, en determinadas circunstancias, oponer resistencia a la lógica expansiva del capitalismo.

Frente a la realidad del contexto decimonónico o de décadas pasadas, para Preve, el momento histórico en el que esa autonomía desaparece, mediante un proceso gradual, viene culminado con la globalización. El capital ha dejado de aceptar cualquier límite exterior y comienza a reorganizar la totalidad de la existencia en función de su propia racionalidad. La economía deja de constituir una esfera diferenciada de la vida social para convertirse en el principio ordenador de todas las cosas, es la imposición de la economía sobre la política de la que ya hemos hablado en relación a otros autores, como, por ejemplo, . La política pasa a convertirse en sujeto de los mercados financieros y la cultura tradicional o popular adquiere las características de una producción estandarizada e industrial, o bien la educación, que se adapta a criterios empresariales. En el caso de la ciencia se subordina a la innovación tecnológica y el resto de las relaciones sociales, y humanas en su totalidad, son reinterpretadas como categorías económicas. El capitalismo trasciende su realidad originaria, como «sistema productivo» para convertirse en una auténtica civilización.

Lo verdaderamente original de Preve consiste en haber comprendido que esta transformación modifica también, y de manera derivada, la propia naturaleza del hombre. El capitalismo absoluto ya no necesita únicamente de trabajadores disciplinados y consumidores obedientes. Ahora también necesita individuos desarraigados, flexibles y permanentemente disponibles para adaptarse a las necesidades cambiantes del mercado global. La estabilidad se convierte en un obstáculo, y las personas, transformadas en mercancía, son intercambiables. La identidad duradera aparece como una rémora, como una forma de rigidez que presenta un problema insalvable que hay que destruir, y la pertenencia sólida comienza a ser sospechosa porque dificulta la movilidad absoluta que requiere la acumulación de capital.

Desde esta perspectiva, toma pleno sentido la insistencia de Preve cuando afirma que el capitalismo contemporáneo constituye un fenómeno antropológico antes que económico. Y en este punto, nosotros, que hemos insistido tanto en nuestros artículos en la importancia de la concepción del hombre, que es el producto final de todo modelo de civilización. El mercado ya no produce solamente mercancías, también formas de vida, promueve deseos, hábitos, sensibilidades y, obviamente, concepciones del ser humano. La publicidad, los medios de comunicación, la industria del entretenimiento y las nuevas tecnologías con sus redes sociales participan conjuntamente en la fabricación de una subjetividad perfectamente adaptada a la lógica del consumo. .

Ante estas características descritas del «nuevo capitalismo», Preve rechaza la interpretación liberal que nos dice que el mercado constituye un simple mecanismo neutral de intercambio de bienes y mercancías. El mercado nunca puede ser neutral porque reorganiza silenciosamente la estructura moral, los valores y la ética de las sociedades. Allí donde las relaciones humanas comienzan a evaluarse en términos de criterios de utilidad, de rentabilidad y eficiencia etc desaparece progresivamente la idea de que existan bienes cuyo valor no se pueda reducir a un cálculo económico. De ahí que la amistad, la Familia, la Patria, la Tradición o cualquier otro elemento pueda ser susceptible de ser encuadrado en esta lógica mercantil, sin ser ya fines en sí mismos, con un valor intrínseco, para convertirse en recursos gestionables.

Obviamente, esta transformación explica simultáneamente el diagnóstico de Preve sobre la globalización. Frente al discurso dominante, que la presenta como un proceso de integración pacífico a escala planetaria, del conjunto de la humanidad, mediante el comercio y la tecnología, Preve sostiene que la globalización constituye la expresión política del capitalismo absoluto. Su finalidad no consiste en unir a los pueblos, sino en eliminar todos aquellos espacios donde todavía subsistan formas de soberanía capaces de limitar la expansión del capital. Las fronteras económicas, las legislaciones nacionales o las propias identidades históricas, con todo su bagaje de arraigos y formas orgánicas, son el principal enemigo a batir por este capitalismo absoluto, de carácter aniquilador, que pretende la libre circulación de capitales y mano de obra.

De ahí que nuestro autor, Preve, desconfíe de cualquier término usado para legitimar todo este proceso, y que nos conduce directamente a conceptos como «modernización», «apertura», «sociedad abierta», «diversidad» o «gobernanza internacional», que suelen presentarse como expresiones de un valor netamente positivo por parte del sistema vigente y sus apéndices mediáticos. Sin embargo, el filósofo italiano considera que con frecuencia funcionan como categorías ideológicas destinadas a ocultar relaciones concretas de poder. Para Preve una de las principales funciones de la filosofía en el terreno de la política es desenmascarar esta apariencia de neutralidad que suelen ocultar propósitos mucho más perversos, y enfrentarse a una falsa noción de progreso que tiene unos beneficiarios evidentes.

La crítica de Preve alcanza toda su radicalidad cuando analiza la democracia liberal contemporánea, y no porque defienda otras opciones políticas opuestas a la democracia ni regímenes autoritarios. Lo que cuestiona es, básicamente, la identificación actual entre democracia y liberalismo, como si ambos fueran términos sinónimos e intercambiables, equivalentes, sin mayor lógica de continuidad fuera de esa relación bidireccional. Como nos dice Preve, se trata de dos tradiciones políticas diferenciadas que han terminado de fusionarse hasta parecer inseparables. La democracia remite originalmente a la soberanía popular, al menos en lo que a su etimología se refiere, mientras que el liberalismo, en cambio, nace para limitar esa soberanía mediante la protección jurídica de determinados intereses privados y al servicio de la subordinación del poder político a la esfera económica considerada como autónoma.

Mientras existieron partidos de masas poderosos, sindicatos y Estados nacionales relativamente soberanos y economías todavía controlables por los gobiernos, esta tensión permaneció parcialmente equilibrada. Sin embargo, con los últimos estadios de la globalización esta situación se ha visto radicalmente alterada. Los grandes centros de decisión económica han escapado al control de los Estados y se sitúan cada vez más lejos de las instituciones y los órganos de poder nacionales. Los ciudadanos siguen votando cada cuatro años a los partidos, pero las decisiones fundamentales en materia económica y monetaria se dirimen en los mercados financieros o bajo estrategias económicas planificadas a través de agendas transnacionales que nada tienen que ver con la voluntad popular. El resultado de todo ello es una democracia que se mantiene en el terreno procedimental, pero que se vacía de contenido.

De ahí que Preve destaque que vivimos en una forma de oligarquía cada vez más sofisticada, de una forma sutil de control que no se manifiesta abiertamente a través de una dictadura declarada y visible, ni de un régimen abiertamente represivo. El control se ejerce a través de mecanismos mucho más discretos, como, por ejemplo, a través de la concentración de grandes grupos financieros, la concentración de los grandes medios de «comunicación», de la formación de consensos culturales o la existencia de instituciones supranacionales sustraídas por completo al control ciudadano. El ciudadano, formalmente, sobre la teoría, conserva sus derechos políticos, pero las cuestiones verdaderamente decisivas, y que atañen a su futuro, se han visto desplazadas a otros ámbitos.

Pero los cambios no se suceden solo en el ámbito de la política, sino que vienen acompañados por una profunda transformación cultural. La antigua ciudadanía política se ve sustituida por la del consumidor, el individuo deja de participar en la construcción del bien común y empieza a concebir la sociedad como un inmenso mercado dominado por las opciones privadas. La propia política se ve sometida a las formas propias de la mercadotecnia comercial. Los partidos venden imágenes, emociones y marcas personales, con debates públicos que se convierten en productos audiovisuales a través de simplificaciones banales, y la deliberación racional —nos dice Preve— cede su lugar a la gestión permanente de las percepciones.

Capitalismo, globalización y democracia liberal son parte de un mismo diagnóstico filosófico, representan la expansión de la racionalidad mercantil que tiende a colonizar todas las esferas de la existencia humana. El capitalismo absoluto no se limita a destruir las economías nacionales, sino que también aniquila las formas que hacen posible la vida política. Allí donde se convierte en un objeto de intercambio, también la ciudadanía termina siendo sustituida por el consumo, así como la comunidad es desterrada por la acción del mercado.

No obstante, y para finalizar esta presentación, el diagnóstico de Costanzo Preve, pese a su carácter devastador, no constituye una invitación a la desesperanza, porque el hombre es, por su propia naturaleza, un ser comunitario, y ninguna forma de dominación puede eliminar completamente la posibilidad de reconstruir vínculos, de recuperar soberanías o reestablecer espacios donde la política pueda ejercerse de manera auténtica y en sus propios términos al margen del influjo de los poderes económicos. La historia permanece abierta porque la naturaleza humana tiene un carácter irreductible, y este hecho resiste las lógicas más destructivas del capitalismo postrero, y al mismo tiempo, en la conciencia de Preve, también prevalece la idea de que la filosofía sigue teniendo una misión, que no es otra que mantener viva la posibilidad de pensar y actuar más allá de los límites impuestos por el liberal-capitalismo y sus derivas globalizadoras.