Presentación de «Imperialismo Pagano», de Julius Evola
«Imperialismo pagano» de Evola critica el fascismo italiano y su vínculo con el Vaticano, abogando por un paganismo imperial. Revisada en 1933, fusiona elementos nórdicos y romanos para proponer una alianza Italia-Alemania.

Entre la extensísima obra del autor tradicionalista romano, Imperialismo pagano quizás represente una de las más polémicas en su época, especialmente por los motivos que llevaron a Julius Evola a escribir y publicar susodicha obra, que no solamente destacaba por la contundencia de su contenido y la temática abordada, sino también por un estilo directo y polémico, en el que el Evola más joven (apenas contaba con 30 años de edad en ese momento) habla en primera persona como el representante de una agrupación más amplia, en el contexto del Tradicionalismo Romano, que por aquella época contaba con representantes altamente cualificados en la propia Italia, como, por ejemplo, Guido de Giorgio o Arturo Reghini entre otros muchos. En el prefacio hablamos sobre ese ambiente y las connotaciones que alcanzó en las obras de los grandes autores de la Tradición perenne de aquel momento, a los cuales hay que sumar a René Guénon, cuya influencia sobre los anteriores es considerable.
El contexto
Por ponernos un contexto, Julius Evola publica por primera vez Imperialismo pagano a mediados de 1928 en un ambiente político-ideológico de acercamiento del Estado fascista italiano con la Curia Vaticana, son los preliminares que nos conducirán inevitablemente a los Pactos Lateranenses o de Letrán un año después, en 1929, entre Benito Mussolini y el Papa Pío XI, que además de suponer el nacimiento oficial del Estado del Vaticano también tuvo como consecuencia la adquisición de una serie de prerrogativas y cuotas de influencia del Catolicismo sobre la educación y la sociedad italianas. Esta circunstancia, como es obvio, tuvo una recepción muy negativa entre los sectores del tradicionalismo romano («pagano») que, como ya decíamos, jugaban un papel relevante en los ambientes político-culturales de la Italia del Ventennio.
Algunos de los capítulos que componen el libro ya habían aparecido anteriormente, durante los años 1926-1927, y venían a ser una advertencia o una llamada de alerta ante ciertas derivas indeseadas del régimen mussoliniano que irían en contra de las aspiraciones imperialistas de la Italia fascista, así como contra los signos de aburguesamiento que venían dándose en el régimen. Venía a expresar una toma de posición de aquellos ambientes esotérico-paganos del Grupo de Ur y, por extensión, del tradicionalismo romano, que veían esfumarse sus pretensiones de hegemonía dentro del régimen ante el avance de las posiciones católico-cristianas. En cierto sentido, podría considerarse una llamada desesperada a aquellas personalidades que integraban el régimen, que eran sus rostros visibles, y con capacidad para emprender acciones de calado capaces de operar un cambio de rumbo ante lo que parecía inevitable. Estos son los motivos a los que podemos atribuir la contundencia con la que se expresa Julius Evola a lo largo de todo el ensayo, frente a ese fascismo, que en La Torre sería considerado como «demasiado poco», en un desafío que pudo costarle caro a nuestro autor, aunque sus relaciones con el régimen siempre fueron «tirantes», nada fluidas y siempre entre la controversia y la polémica.
En esta obra Evola trata de desarrollar una crítica integral contra el cristianismo, y lo hace sobre el plano filosófico, religioso y político, atacando de lleno todos aquellos elementos propios del Cristianismo que consideraba especialmente dañinos en la obra revolucionaria del fascismo, en lo que veía como una voluntad inequívoca de afirmar los valores imperiales de la antigua Roma pagana. Según él, los males característicos del mundo moderno tienen su matriz originaria en el Cristianismo, especialmente en el de los orígenes, del cual habían brotado todas las formas de liberalismo, democracia, comunismo y occidentalismo, así como la misma idea de Europa, vinculada a las anteriores.
Tal y como ya hemos mencionado, y nos apunta el propio Evola en su autobiográfico El camino del cinabrio (1963), la polémica se inició a raíz de una serie de artículos aparecidos en la revista de Giuseppe Bottai, notable personalidad del régimen, entre los años 1926 y 1927. En estos artículos ya se preludiaban los temas que vertebrarían la tesis del libro en torno a la compatibilidad del Cristianismo con el fascismo o el papel de la Iglesia en Italia. Los artículos en cuestión eran Il Fascismo quale volontà d’Impero y Il Cristianesimo en Crítica Fascista el 15 de diciembre de 1927. Precedentemente, ya había comenzado a tratar esta vertiente anticristiana a través de otros artículos como Cose antiche: il guelfismo (Crítica Fascista, 1 de marzo de 1927) y en Vita Nova Imperialismo pagano (noviembre de 1927) o en Il Lavoro d’Italia con artículos como La Tradizione e la gerarchia (enero de 1928). Además Evola ya se encontraba entonces en plena polémica con Pietro Negri (seudónimo de Arturo Reghini) a raíz de la publicación de otro artículo: Della Tradizione Occidentale, publicado en Ur, número 1-2 (1928). Todas estas publicaciones tuvieron un efecto inmediato en el desencadenamiento de las respuestas, tanto hacia el autor como hacia las revistas que dieron cobertura a los incendiarios escritos evolianos. De hecho se produjeron una serie de artículos-respuesta en otros diarios como L’Osservatore Romano o Avvenire d’Italia en los que nuestro autor fue acusado de «difundir propaganda protestante», de «apoyar a la masonería» y otras difamaciones que, como mostramos en los apéndices de la presente edición, Julius Evola se encargó de rebatir con la misma contundencia mostrada a lo largo del libro.
No obstante, tampoco debemos considerar a Imperialismo pagano como una obra menor o reducida a una simple reacción en forma de panfleto incendiario contra los nuevos devenires del régimen mussoliniano, sino que este escrito se ubica temporalmente en una etapa de transición, entre la época filosófica que ya va quedando atrás y la asunción del enfoque propiamente tradicionalista que se verá culminado con la publicación de Revuelta contra el mundo moderno en 1934. La etapa del Grupo de Ur y la magia le ayudará de manera decisiva a sintetizar una idea de la Tradición. De hecho, las menciones de la idea de «Tradición», de una «Tradición mediterránea» son continuos a lo largo del libro, siempre en antítesis con el Cristianismo, considerado como una forma de «antitradición». Asimismo, también podemos encontrar referencias a otra de sus obras relevantes del periodo filosófico como es L’uomo come potenza y la idea de individualismo absoluto, que servirá al joven Evola para empezar a construir toda una antropología del hombre de la Tradición centrado en la «practicidad» propia del Kshatriya, del guerrero, abocado a la acción como forma de realización espiritual. Un modelo humano, un arquetipo, que en aquel entonces Evola veía representado en la paganidad.
La correspondencia con esta idea también la tenemos en algunas de las conclusiones extraídas en esa época con el Grupo de Ur a propósito de la autorrealización a través de la vía de la magia, centrada en el Yo frente a la historia. La idea del «Yo» que Evola desarrolla durante el periodo filosófico, en la que éste se encuentra asistido por la «potencia» y en consecuencia por la «libertad absoluta» le proporcionará los instrumentos básicos para la elaboración de esa antropología del hombre tradicional y de la misma idea de Tradición, en cuya génesis participarán las etapas precedentes, que sirven de preparación para la que será la etapa de maduración decisiva que nos conducirá, si se puede decir así, al «Evola clásico». De hecho, en algún que otro pasaje lo afirma, al hablar de la potencia como la medida de la libertad, en lo que nos recuerda mucho al superhombre nietzscheano que solamente tiene como referencia su propia ley elevada a la categoría de voluntad absoluta y soberana. De todos modos, Evola estaba imbuido pocos años atrás en las lecturas de Michelstaedter, quien a diferencia del primero queda atrapado en una negación estéril del mundo, en el rechazo de toda forma de retórica, mientras que Evola encuentra una salida al nihilismo en la idea de la «libertad como potencia», como «acto de la potencia en lo incondicionado» en la que el individuo completa un proceso de autoconciencia convirtiéndose en un «principio autónomo de acción». El mundo como voluntad y representación, a lo Schopenhauer, aparece como trasfondo de Imperialismo pagano, entre un periodo filosófico que agoniza y otro tradicional que se empieza abrir camino de manera inexorable.
De esta manera, el hombre que ya es capaz de extraer el sentido y el fundamento de sí mismo en la representación de un orden de la realidad, es la potencia de dominio que conduce a la afirmación absoluta del «Yo» sobre el mundo a través de la posibilidad de elegir entre diferentes vías, en un proceso de transformación integral de ese ente individual que nos conduce a la idea de transmutación, en el cual ese «Yo» se encuentra con los límites de lo contingente y material, y aquí aparece un horizonte de trascendencia ante el ser individual que la filosofía no puede acometer desde las estrecheces que plantea su método especulativo.
Un Evola en transición, que recoge los frutos del pensamiento filosófico y las otras etapas precedentes en un proceso acumulativo que le conducirá necesariamente a la síntesis de una idea de Tradición, en la que Imperialismo pagano se plantea como un paso necesario y en absoluto casual, en este proceso de transición. De modo que no podemos afirmar que se trate únicamente de un panfleto de pura agitación, sino que éste nos muestra la prefiguración de otras ideas que «vienen en camino», en fase de eclosión, y que terminarán de desarrollarse en el ecuador de la década de los años 30.
La relación con Arturo Reghini
En los años que precedieron a la publicación de Imperialismo pagano (1928), el joven Evola, todavía inmerso en su periodo filosófico, como ya hemos señalado en los párrafos anteriores, tuvo un contacto que influiría de forma decisiva en la sistematización de su pensamiento. Nos referimos a la figura de Arturo Reghini (1878-1946), a quien se refiere el propio Evola en su autobiográfico El camino del cinabrio haciendo referencia a sus filiaciones masónicas, grado 33 del rito escocés antiguo aceptado, y de cuya figura destaca su alta cualificación y la seriedad, rigurosidad y objetividad en el terreno de los estudios mágico-iniciáticos, destacándose también en otras disciplinas, estaba muy por encima de las personalidades que pululaban en los ambientes ocultistas de la Italia de la época. El propio Evola admitió que la influencia de Reghini le permitió operar una serie de rectificaciones en su pensamiento rescatándolo de las estériles elucubraciones de la filosofía para encauzarlo sobre la vía de la Tradición y la sabiduría iniciática. Se puede decir que junto a Guénon, aunque quizás en menor medida, fue una de las influencias más notables a las que Julius Evola se vio expuesto en aquellos años de juventud.
Por otro lado, el tradicionalismo defendido por Reghini estaba orientado igualmente hacia la formulación de un «imperialismo pagano» amparado, en teoría, en los valores de la romanidad, y por tanto contribuyó a los ambientes del tradicionalismo romano, que tan inquietos se mostraban en aquellos días. No obstante, su defensa de estas posiciones podía remontarse a los momentos previos al estallido de la I Guerra Mundial, a través de la revista Salamandra con un artículo titulado, precisamente, Imperialismo pagano. La relación con Evola comenzó a forjarse a partir de 1924, cuando éste último comenzó a colaborar activamente con las revistas Atanòr e Ignis sucesivamente. En aquella época Reghini ejercía una influencia notable sobre todos los colaboradores de estas revistas y en los ambientes ocultistas y esotéricos, abarcando amplias temáticas, como la alquimia o la antroposofía, pasando por el estudio de Kábala entre otras fuentes. Todo este conocimiento también lo puso a disposición del Grupo de Ur, y más concretamente de su revista Ur, fundada en 1927, bajo la dirección de Evola en estrecha colaboración con Reghini bajo el seudónimo de Pietro Negri. La intención de la revista fue desde un principio apuntar a la posibilidad de utilizar medios y métodos mágicos para influir sobre el régimen fascista de Mussolini con el fin de orientarlo hacia el objetivo deseado, que no era otro que la realización de las tesis del tradicionalismo romano-pagano frente al catolicismo a través de una vía íntegramente esotérica e iniciática. De hecho, se enviaron misivas a Mussolini con la intención de influir directamente sobre él, para que se desprendiera definitivamente del «lastre católico» y se aviniese a las posiciones por ellos propugnadas.
Con el desarrollo de los acontecimientos, y ante lo que ya parecía la toma definitiva de posición por parte del régimen, Evola decidió actuar por cuenta propia a través de la publicación de Imperialismo pagano, a través de un escrito contundente y directo a partir del cual pretendía exponer con claridad aquellos principios defendidos por el Imperialismo pagano ya postulado por Arturo Reghini. En la obra, de hecho, Evola hace un llamamiento al fascismo para que se despoje de toda retórica humanista y rechace toda especulación filosófica abstracta para apostar por la «revolución verdadera», más allá del moralismo y el sentimentalismo de la «hipocresía religiosa» que asocia a la idea de Europa y Occidente. Y fue precisamente este hecho, la publicación del libro, el que puso fin a la intensa colaboración Evola-Reghini, y éste último se sintió engañado y defraudado por la «desvirtuación» de unas ideas que consideraba como propias y de las cuales se hacía depositario. A este hecho se añadían ciertas acusaciones de plagio, dado que Reghini acusaba a Evola de haber tomado algunas de las notas de su antiguo escrito de 1914, declarando ser «víctima de una sistemática depredación literaria», y atribuyendo las ideas expresadas por el joven autor romano a una mezcolanza de autores diversos, de los que también se había apropiado en sus ideas y obras. Pero la respuesta de Evola ante tales acusaciones no se hizo esperar, para lo cual se sirvió de la nueva publicación surgida tras la disolución del Grupo de Ur, y en febrero de 1929, en el número 2 de la nueva publicación Krur, dio respuesta a las acusaciones vertidas. Evola despreció las contribuciones de Reghini al tradicionalismo romano a través de su antiguo artículo, y acusó a éste último de tener una mentalidad estrecha, egoísta y envidiosa, la propia de un sofista, y de un maestro de escuela enfrascado en pequeñas y absurdas disquisiciones. Y de hecho, muchas de las ideas relacionadas con los valores de potencia y de individualismo absoluto ya habían sido teorizadas por Evola durante su periodo filosófico al margen de la influencia de Reghini, que el autor pitagórico había intentado patrimonializar al tiempo que tomaba muchos de sus argumentos anticatólicos de las logias masónicas en las que se movía, y de la que se nutría con elementos que en absoluto podríamos considerar tradicionales bajo ningún aspecto, sino más bien subversivos.
La polémica trascendió el plano personal para llegar hasta los tribunales, donde se pretendió dilucidar el asunto del pretendido plagio, que finalmente fue desestimado a pesar del empeño de Arturo Reghini. Tras el triunfo de las posiciones «güelfas» dentro del fascismo, a raíz del concordato, las esperanzas de orientar en un sentido «gibelino» al régimen se esfumaron. En los siguientes años, las distancias entre Evola y Reghini fueron ampliándose más allá de lo personal afectando también a las doctrinas. Evola terminó moderando sus posiciones y se desligó por completo de las teorías pitagóricas vinculadas a la tradición itálica de Reghini, hasta llegar a renegar, al menos parcialmente, de las posiciones mantenidas en Imperialismo pagano y aceptar la existencia de principios válidos en el catolicismo medieval.
Diferentes ediciones
La edición original italiana de Imperialismo pagano es del año 1928, como ya hemos repetido en varias ocasiones, pero en 1933 se publica en alemán otra versión de la misma obra bajo el título Heidnischer Imperialismus. Esta versión no se limita a una simple traducción sino que responde en muchos aspectos a una reelaboración del trabajo original. Como el propio Evola apunta en El camino del cinabrio en esta edición se maduran puntos de vista relacionados con Imperialismo pagano.
En esta versión modificada la «tradición mediterránea» termina subsumida en la acción creadora, más amplia, del espíritu nórdico y como expresión de una parte de este ciclo, como veremos posteriormente en Revuelta contra el mundo moderno. En este caso Evola le asigna un lugar privilegiado a Roma, como expresión última de la Tradición primordial nórdico-solar, en conexión con el espíritu de Hiperbórea, Avalón, Thule o Asgard, y como parte de las antítesis clásicas e irreductibles que la citada obra expresa frente aquella espiritualidad sustentada en fuerzas telúricas y ctónicas. Pero no es esta la última expresión de la civilización nórdico-romana, sino que alcanza su cénit por última vez con el Sacro Imperio Romano-germánico, bajo la idea gibelina ecuménico-imperial del Medievo, nominalmente cristiana pero expresión de la Tradición Primordial a través de su concepción del Rex pontifex en la restauración unitaria del poder regio-sacral, bajo la idea de jerarquía y de Jefe.
La edición alemana también atiende al espíritu de los tiempos, y a través de la fusión del elemento nórdico y romano, de sus símbolos viriles, de las dos águilas, pretende establecer las bases de una alianza entre el régimen fascista italiano y el nacionalsocialista alemán, que serían los grandes depositarios de la Tradición occidental.
En nuestro caso particular, hemos querido publicar la edición italiana original, a la cual hemos añadido algunos textos interesantes en los apéndices que considerábamos interesantes y esenciales para comprender el contexto en el que se desarrolla la obra. Hemos considerado que si queríamos atender al principio que motiva la obra, que no es otro que la firma de los pactos lateranenses entre el Estado fascista italiano y la Iglesia vaticana, debíamos mantener el espíritu de la obra original, que más allá de las evoluciones personales experimentadas por el autor en los años sucesivos, es fruto de un momento muy particular, tanto de la historia de Italia, como dentro de las etapas y circunstancias personales que atraviesa la evolución en el pensamiento y doctrina de Julius Evola. La reelaboración posterior ya obedece a motivos de distinta naturaleza respecto a la publicación original y nos coloca en un contexto del todo diferente, que no nos permite valorar en su justa medida al Evola que todavía se encuentra imbuido en las postrimerías de la etapa filosófica y la mágica del Grupo de Ur, sino que es un Evola que ya se encuentra plenamente ubicado en otra etapa y trata de integrar una obra precedente, de un lustro, a las nuevas posiciones adoptadas con Revuelta contra el mundo moderno.
Estos son los motivos que nos han llevado a la elaboración de esta edición de Imperialismo pagano en su edición original con añadidos, la cual venimos trabajando desde hace mucho tiempo, y que ahora podemos mostrar a nuestro lectores y seguidores.
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